Tu extraterrestre

Mirada de Robert Frost






















Robert Frost escribió: "Dos caminos divergían en el bosque. Yo elegí el menos transitado de los dos. Y aquello fue lo que cambió todo". He de reconocer que siempre me gustó nadar contra-corriente.

La mayor parte de mi familia pensaba que sólo quería reafirmar mi ego contra el mundo, que sólo era un niño pequeño y mimado que quería llamar la atención. Y aunque hay parte de verdad en ello, como en todo, nunca lo sentí así. Simplemente estaba intentando saber quién era, por qué estaba aquí, cuál era mi sentido; y para ello quise apartarme, interiormente, todo lo que pudiera de mi cultura, de mi entorno, de mi familia, de mis amigos, de una forma de entender el mundo que los humanos habían desarrollado, y que para mí era extraña y limitada.

Fui hijo único, y toda mi niñez la dediqué a inventar el mundo en el que quería vivir, aunque por aquel entonces no sabía aún que todo lo privado es universal, y pensaba que ese mundo era sólo mi jardín secreto, que no podía hacer a nadie partícipe de él, y que el resto, la "realidad", estaba "fuera", era "otra cosa".

Mi colegio, del que nunca me moví, estaba a las afueras de la ciudad, a una hora y cuarto de viaje más o menos. Yo era el primero que el autobús recogía en su trayecto. Durante unos minutos viajaba sólo. Luego, poco a poco, según subían el resto de niños, iba adentrándome en una "realidad" que me parecía inmutable, y a la cual debía adaptarme para sobrevivir. Allí tenía que aprender a convivir con otros, cosa que tampoco se me daba mal. Los profesores solían decirle a mi madre que no parecía hijo único, por lo extrovertido e integrado que aparentaba estar. Pero nadie sabía la profunda soledad que sentía en mi interior. Y precisamente en el contacto con los demás, con el grupo, la sentía con más intensidad. Como si supiese que, tarde o temprano, debería regresar a mi planeta privado, el único lugar donde podía ser quien era, donde podía des-hacerme del miedo, donde no tenía por qué pertenecer a nada.

Todos mis amigos vivían a las afueras. Así que, cuando no iba al colegio, tenía que lidiar con esa soledad. Sin embargo, en ella, hallé uno de los más bellos regalos que la existencia me ha brindado. En ella des-cubrí que la soledad es siempre ilusoria. En ella comencé un viaje iniciático, a través de todas las sombras, en busca del santo grial. Y des-cubrí que todo es tan real o irreal como estas palabras que lees ahora mismo.

Aprendí a hablar con los árboles que veía a través de la ventana, con las hormigas que salían del parqué cuando llegaba el calor, con las piedras, con el viento, con las paredes de mi habitación, mi cama, la puerta, la mesa, el armario, con la ropa, con la luz lejana y la llama de una vela en mi mesilla, con las personas que no conocía y quería conocer o sabía que nunca conocería, con los muertos, con toda clase de seres que llaman "imaginarios". Aprendí a meterme en las películas y en los libros, y a vivir en ellos. Aprendí a ser una estrella y a ser un mendigo. Aprendí a invocar aliados, como luego supe que hacían los chamanes, a competir contra mí mismo, a matarme, a volar, a estar en más de un sitio a la vez, a viajar más rápido que la luz, a ver todo, siempre, de forma nueva y distinta. Aprendí a danzar con los dáimones y, poco a poco, a sentirme bien en mi soledad. Y entonces aprendí a crear el universo, a saber que, como tú, soy el sumo hacedor de todo cuanto existe.

Ahora, siempre que alguien viene a mí con un bloqueo de cualquier tipo, con una duda que le provoca ansiedad, con una situación incómoda de la que no sabe salir, le recomiendo un ejercicio que para mí siempre fue decisivo, y que desarrollé a partir de mi soledad y mi profundo desarraigo interior. Fue un camino largo, pero de forma sencilla y con imaginación, se puede hacer en un instante. Yo lo llamo "ponerte en tu extraterrestre". Imaginas que eres un extraterrestre que ha tomado posesión de un cuerpo humano. No sabes nada de las costumbres, de para qué sirven las cosas, ni qué nombre tienen, no sabes de normas sociales ni de educación. No tienes pasado aquí, en este planeta tan raro. No sabes lo que es un "amigo", ni una "familia", ni un "trabajo". Sólo te guías por lo que te hace sentir bien. Para ti, los humanos no son más que una especie recién descubierta. Y desde esa mirada, sin actuar, contempla ese problema que traías contigo. Vive un día entero, al menos, en tu extraterrestre, y disfruta del placer de ir de incognito. No hay camino menos transitado, y más revelador, que dejar de ser un "ser humano".

Si te sientes sólo no huyas de tu soledad, no te rodees de gente que no te entiende, no empieces a hacer cosas que no te gustan sólo para no sentir ansiedad, no te conformes con una relación que no te hace abrirte, des-cubrirte, y evolucionar. Tampoco la asumas. No es cierto que todos nacemos solos y morimos solos, o es cierto, pero no de la manera en la que se suele decir, porque llevamos con nosotros el universo entero, y a todos los seres que han existido, que existen, y que existirán. Mira de frente tu soledad, da un paso en el vacío aunque tengas vértigo, adéntrate en ella, y sal por el otro lado. Allí, amigo, amiga, estamos todos. Hola.